El gran año del turismo en Asturias

El gran año del turismo en Asturias

Asturias vive uno de los más excepcionales años turísticos de los últimos tiempos. La ocupación de Semana Santa hacía presagiar una gran temporada que el verano ha ratificado. Julio ha sido un mes de récord, agosto no le va a la zaga y las previsiones para septiembre son inmejorables. Los gigantescos atascos, especialmente en dirección a Galicia, y los generalizados problemas de aparcamiento, son la mayor evidencia.

Casi 1.600.000 personas visitaron la región durante el año pasado. Habrá éste una nueva marca, quizá rozando los dos millones de turistas de paso por Asturias, cifra histórica e impensable hace tan sólo dos décadas.

El crecimiento del turismo asturiano es espectacular y parece no tener límite. Si en 1997 había 40.000 plazas hoteleras, hoy se han alcanzado las 66.000. El sector, incluyendo a la hostelería, da empleo a 44.000 personas, y su aportación al Producto Interior Bruto (PIB) asturiano es consistente. En 2004 fue del 8,70%. Existen argumentos fundados para prever que en 2005 se supere ese porcentaje.

Asturias se beneficia de los nuevos hábitos de un variado número de viajeros, que opta por lugares distintos, lejos de las zonas masificadas. Comienzan a darse casos de familias que venden sus residencias en la Costa del Sol para adquirir otras en el Principado, un refugio que les resulta más apetecible por tranquilidad, seguridad y belleza.

Asturias está, también, cada vez más cerca, con un aeropuerto que ha multiplicado sus conexiones y más autovías que facilitan la llegada de los visitantes, lo que pone de manifiesto una vez más la importancia que para la región tiene acabar con urgencia las grandes obras de infraestructura pendientes.

Aunque el turista que elige Asturias como destino no se acerca en busca de sol, es innegable que las extraordinarias condiciones climatológicas de este verano están teniendo una incidencia directa en tan positivos resultados. Con el buen tiempo, los viajeros prolongan sus estancias.

Toda Asturias es ahora destino turístico. No sólo agosto y el Oriente son la meca viajera. La ocupación se ha repartido por toda la región y se extiende a otros meses, reflejo de la tendencia cada vez más acentuada de fragmentar en varios tramos las vacaciones.

Una novedad de esta campaña es el turismo urbano, que nunca se había apreciado con tanta fuerza en Oviedo, Gijón y Avilés. Asturias no es sólo naturaleza, sino también ciudad.

La capital, Oviedo, bate marcas de consultas turísticas. En Gijón, los espectáculos veraniegos han tenido más tirón que nunca. No tiene precedentes lo que está viviendo Avilés, hasta hace bien poco la antítesis de la ciudad turística.

Este año se ha notado más que nunca el fenómeno de la segunda vivienda, patente en Llanes y Ribadesella, pero latente en todas las zonas costeras de la región, que tienen en marcha grandes planes urbanísticos. Las buenas comunicaciones de las dos capitales turísticas del Oriente hacen posible que muchas personas, aun trabajando en el centro, modifiquen temporalmente su residencia durante estas fechas, lo que hace que Llanes, por ejemplo, alcance los 80.000 habitantes por estas fechas.

En el Occidente, Luarca y Tapia renacen, y Navelgas tuvo un gran tirón con su campeonato de bateo de oro. En fin, hasta en las Cuencas, alejadas habitualmente del fenómeno turístico, el parque de Redes o el valle de Cuna y Cenera han visto pasar gran número de visitantes.

Pero lo más novedoso del verano, y también lo más polémico, ha sido el nuevo plan de regulación del acceso a los Lagos, con el cierre de la carretera y los traslados en autobús. Probablemente el plan no sea la solución definitiva para el tráfico y es fruto de cierta improvisación -de hecho, todavía se sigue modificando sobre la marcha-, pero constituye un paso para resolver una situación insostenible.

El colapso veraniego de los Lagos y Covadonga, con coches atrapados durante horas en la carretera, exigía una respuesta inmediata. Tienen que transcurrir algunas semanas más para evaluar con justicia los resultados, pero parece que en general el servicio ha sido bien acogido por los usuarios. Habrá que perfeccionar algunas cosas, como el efecto disuasorio sobre las visitas a Covadonga, que denuncia la Iglesia, o el perjuicio a los empresarios de la zona, que lideran la oposición al nuevo ordenamiento. Desde la serenidad y nunca desde el enconamiento debe llegar el acuerdo menos lesivo para los intereses de todos, porque lo que a estas alturas ya nadie duda es que las cosas no podían seguir como hasta ahora.

La excelente campaña de este año consolida a Asturias como un importante destino turístico y demuestra la solidez de un sector que ya mueve 2.100 millones de euros (un 53% más que en 1999) en la región. Los datos -y la fiebre inmobiliaria que viven especialmente las zonas costeras más atractivas pueden ser un indicio- auguran que al sector todavía le queda recorrido. «Lo mejor está por llegar», sostiene la directora general del ramo, Elisa Llaneza. Es deseable y posible un crecimiento, pero con los pies en el suelo. Asturias ni puede ni debe convertirse en un paraíso del turismo masivo. La calidad es su único camino.

El turismo de salud (termas, spa, talasoterapia), el de golf, el náutico, el de escalada, el de montañaÉ aún quedan muchas posibilidades, y muchas Asturias por descubrir y explotar, como reza la propaganda turística oficial. Una de ellas es, por ejemplo, la de captar más visitantes extranjeros, que ahora mismo son apenas un 10% del número total de turistas. Es el momento oportuno para hacerlo, porque el fenómeno Fernando Alonso resulta un inesperado e impagable aliado. En todas las promociones en el exterior muchísimos visitantes se acercan al pabellón asturiano preguntando por la ciudad del piloto, que ha hecho de su región enseña universal.

El reto no está en la cantidad sino en la capacidad para ofertar, convencer, atraer y satisfacer a un turismo con un nivel de gasto elevado. Aprender de los errores cometidos hasta ahora es vital para preservar los buenos síntomas del sector cuando aún quedan zonas, como el Occidente, en las que la inmediata mejora de las comunicaciones va a disparar su atractivo. No hay que convertir Asturias en la Marbella del Norte ni tampoco en el paraíso intocable. Entre desarrollo ordenado y protección siempre hay un punto de equilibrio.

Los turistas destacan de Asturias, invariablemente en todas las encuestas, su naturaleza y su entorno y el carácter y amabilidad de sus gentes. Lo segundo ya lo tenemos conseguido de antemano. Lo primero hay que preservarlo a toda costa, teniendo presente siempre que el turismo no puede ser la única solución económica de Asturias pero que Asturias ya no puede entenderse tampoco sin el turismo.

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